miércoles, 30 de septiembre de 2026

Glosando el libro "Burning veneno del rock". BURNING Y “LA COCHU”. Del rollo a la movida madrileña.- 1977-1979.

 BURNING Y “LA COCHU”. Del rollo a la movida madrileña.- 1977-1979.

Ricardo Moyano. Octubre 2026.



Hace dos años, en septiembre de 2024, la periodista y dibujante Elena Gabriel asistía en el célebre local madrileño “La Vía Láctea” a la presentación del disco póstumo de Toño Martín “Muerde la bala”. Una amiga, “Viernes negro”, me dio el aviso, y me habló de la relevancia que Elena había tenido en el desarrollo de “Lacochu”, el colectivo contracultural que entre 1977 y 1979 promovió varios conciertos de Burning en “M&M”, colegios mayores, etc. Contacté con Elena y a través de ella con el mayor “factótum” de “Lacochu”, Ángel Salvador Bustamente, que accedieron con la mayor amabilidad a ayudarme a recrear lo que fue esa asociación y la relación de Burning con los “Laboratorios colectivos Chueca”, nombre que se ocultaba tras el acertado acrónimo. Loquillo se preguntaba años más tarde “¿Dónde estabas tú en 1977?” parafraseando la célebre frase de la película “American Grafiti”, como referencia a un año que fue mítico por el despegue del punk-rock a nivel internacional, pero en España por el comienzo real de la transición democrática a todos los niveles, incluido el musical. Pues bien, en el 77 Elena Gabriel y Salvador Bustamente estaban en Lacochu y en los Ateneos libertarios del barrio de Prosperidad en pleno despegue de la  movida madrileña. En el mismo disco, Sabino Méndez escribió y Loquillo cantó que en Madrid “Alma de Ceesepe late dentro de ti/ Dile a Pepe Risi que ya puede sonreír/ pues él mató el silencio en las calles de Madrid”. Toda una declaración de intenciones: el rock catalán se miraba ahora en la vorágine madrileña.

        


    En el libro “Burning veneno del rock” (segunda edición, 2026, Amazon) en realidad ya he contado de manera genérica la relación de Burning con el colectivo de Chueca y los Ateneos libertarios, por lo que este texto sirve de imprescindible ampliación. Lacochu y los Ateneos están relacionados en efecto con la movida madrileña nacida a partir de 1976, pero hagamos contexto: antes que la movida fue “el rollo”, como fue bautizado el movimiento contracultural en 1975 por Vicente “mariskal” Romero y otros, y los Burning ya estaban ahí, en ese “rollo”, desde 1974, y aún antes. Démosle pues a la moviola. A principios de los años 70, todavía en el “tardofranquismo”, surge en España el rock urbano, básicamente en Sevilla (Storm, Smash, Gualberto, Triana y otros), Barcelona (Maquina, Iceberg, Tapimán…), otras provincias (Bloque en Cantabria, Eva Rock en Salamanca), o, en Madrid, en el extrarradio, con grupos como Ñu, Asfalto, o los propios Burning; grupos de influencia variada, que en general, a diferencia de la canción protesta, tienen una actitud de rebeldía más musical o existencial que política: les preocupa más en general el problema de su subsistencia personal, que es ya muy difícil, que salvar al mundo. Muchos tienen una inspiración “hippy”, psicodélica, son sinfónicos, o beben del hard rock anglosajón. Los Burning, más apegados al rock más clásico, de Chuck Berry a los Stones, son de los más eclécticos. A  algunos de ellos, como los propios Burning y otros menos conocidos como Moon, Volumen, etc..  el ya citado Vicente “Mariscal” Romero les dio voz plastificada en 1975 en el vinilo colectivo denominado precisamente así: “Viva el rollo”, el volumen primero de la serie, que por cierto fue un fracaso de ventas, pero anticipaba el sello “Chapa”, que Romero fundó con éxito poco después. El festival de Burgos de ese verano, el célebre llamado “festival de la Cochambre” por sus detractores, que sin querer le dieron un título para la historia, fue su epicentro.

Tras la muerte de Franco en noviembre de 1975, el movimiento contracultural u “underground”, que se extendía más allá de la música a otras actividades culturales, el teatro aficionado, el cómic, etc., explosiona ya no limitado a los barrios marginales, ni al aspecto musical. Hay una mayor transversalidad artística, en la pintura, la moda, el dibujo, etc. Surgen numerosos fanzines, revistas de escasa tirada, algunos lugares, aun escasos, donde celebrar conciertos, se recuperan los “Ateneos libertarios” de inspiración anarquista que existieron hasta la segunda república…  Una de estas iniciativas fue la coordinación de los numerosos cómics que proliferaban, en la denominada “Prensa marginal madrileña” (Premamá) que surge en ese año 1976, a la estela del mucho más desarrollado mercado catalán, con la revista Ajoblanco como faro. Y en Madrid también se desarrollan como digo actividades en el Ateneo Politécnico de Prosperidad, que había cerrado ya como colegio, aunque su actividad cultural no duró mucho, por la orden de derribo que pesaba sobre él. La que se ejecutaría en enero de 1977 pese al encierro de los vecinos. Un nuevo Ateneo libertario surgiría sin embargo no lejos de allí, en la calle Mantuano, mediante la “okupación” de la inoperativa Escuela de Mandos de la Falange: el llamado ahora “Ateneo libertario de Mantuano”, que se mantuvo hasta 1980, momento en que lo recuperó el Ayuntamiento de Madrid como un espacio cultural ya oficial.

La iniciativa de prensa “underground” “Premamá” moría a comienzos de 1977, pero daba a luz en la misma sede, un piso en la calle Augusto Figueroa del barrio de Chueca, a una labor de mayor calado, ahora también musical: La Cochu (Laboratorios colectivos Chueca). Fundador de Lacochu, y partícipe antes de Premamá y Ediciones Antípodas y de la propia acción en los Ateneos, fue el joven libertario Ángel Salvador Bustamante, al que se sumaron José Luis Troyano, Elena Gabriel, y algunos más. En esa dirección multidisciplinar Lacochu se despliega a partir de 1977 de forma tan altruista como autogestionaria en varias direcciones que confluyen: básicamente por un lado el aspecto gráfico, los fanzines y cómics, y  por otro el lado musical, los conciertos de grupos  y su promoción mediante artesanales carteles y octavillas, consiguiéndoles actuaciones -sobre todo en el circuito universitario de colegios mayores- y publicitando mediante sus propios medios. Lo que llega a ser sello de la casa, a través de los “flyers” del  colectivo,  o los cómics de Ceesepe, Hortelano, las fotografías de Alberto García Alix, etc. Enseguida se unieron al proyecto grupos como La Romántica Banda Local, Kaka de Luxe de la primera Alaska, los andaluces Imán -cuyo primer disco editó la propia Cochu- los Cucharada de Manolo Tena, Vade Retro, Spectro,  los mismísimos Tequila, o más tarde Leño.



Entretanto los Burning, que habían permanecido en hibernación hasta regresar de las milis, se reactivaban a principios de 1977. Ensayando duramente dos meses desde febrero en el local del Papi, se presentaban ante el público con varios conciertos a partir del inicial de abril en el Teatro Maravillas. Desde ahí actúan en todos los escenarios posibles, mejores o peores: teatros, discotecas, salas, colegios mayores. Se gestionaban en parte a sí mismos, y en parte, aunque sin exclusiva, con la agencia “Centrorock” de Javier Gálvez, que les conseguía algunos bolos. Pero esa relación no iba bien, y de hecho terminaría ese año de forma abrupta. Gálvez describía a Risi y Toño como “cabezones, ingobernables”. En una entrevista con Moncho Alpuente para televisión admitían poco después los Burning que era muy difícil conseguir actuaciones, y que ganaban muy poco. Por eso les vino bien sumar ahora, a mediados de 1977, otra vertiente o apoyo para conseguir actuaciones: La Cochu, que movió básicamente el circuito universitario. Fue en los dos primeros años, 1977-78, realmente, cuando la relación con Burning fue mayor, aunque nunca llegó a ser tan intensa como la de alguno de los grupos citados, Cucharada, Tequila, o Alaska, por varios factores: el más relevante quizás, el que Burning era un grupo muy de barrio, típico del “rock bronca” o “makarra” aunque estaban evolucionando, y La Cochu, pese a su inspiración ácrata y contracultural, tenía una orientación más cercana al centro de Madrid y a los citados círculos universitarios. Pese a todo Burning, que venían del “rollo” y el rock urbano, tenían unas influencias muy eclécticas -igual eran influidos por Black Sabbat que por los Rolling Stones, Lou Reed, el glam rock de Marc Bolan, o el punk de New York Dolls- y aunque aún vivían en el barrio periférico de La Elipa o en Carabanchel, podían encajar sin problema en las actividades de ese colectivo, que de hecho no discriminaba ningún estilo. Además, los Burning eran como esponjas, absorbían todo lo que escuchaban. Pensemos sin ir más lejos que un icono de la movida como fue Alaska se inspiró en Lou Reed y en el punk en sus comienzos, y reconocía a Burning como uno de los padres de todo ese movimiento madrileño. Se iniciaba con ello de forma incipiente lo que algo después, pero no todavía ahora, sería el acercamiento intenso de Burning al centro y a la “movida madrileña”, fundamentalmente a raíz de la grabación en 1978 de la película “Qué hace una chica como tú en un sitio como éste” utilizando como escenario de las tomas musicales precisamente el Ateneo libertario de Mantuano. Pero aún les quedaba a los Burning mucho “rock canalla” que destilar en el disco “Madrid” (1978). No es hasta después de 1980 cuando deciden vivir en distintos pisos del centro de la capital, tras su paso por el Torrejón de las bases de los soldados norteamericanos.

El enlace de Burning con Lacochu fue precisamente el periodista Moncho Alpuente, como me cuenta Angel Salvador. Pero tanto él como Elena Gabriel, reconocen que Burning no fue de los grupos que tuvieron una relación demasiado intensa, aunque sí les buscaron varias actuaciones y tenían un trato estupendo con ellos.

-(Elena Gabriel): Es que los Burning eran un grupo de barrio, de La Elipa, y se movían mucho por el extrarradio. En Lacochu no todos ni mucho menos pero sí algunos provenían de  familias bien, de colegios de pago, incluso alguno del Liceo francés, donde yo misma había estudiado en mi Argentina natal, hasta que seguí mis estudios en París de Bellas Artes y filología. Así que los colegios universitarios eran su elemento natural.

Elena Gabriel en los años de la movida


    -Cierto. Y muchos eran de hecho estudiantes universitarios. En cambio los Burning, pese a que tenían una buena formación cultural autodidacta, como era el caso del cantante Toño, tenían a gala su pertenencia a los barrios obreros, se las tenían que ver con los peleas de las bandas, con los “malotes” como el Jim Dinamita... 

    -Sí, pero ya te digo, en la Cochu había músicos de procedencias variadas. Y no discriminábamos, a Burning también les organizamos conciertos y les hicimos publicidad. 

En cualquier caso, esta dualidad de conciertos de barrio, o fuera de Madrid, y los que les conseguía la Cochu en el centro y los colegios universitarios, o incluso luego en las propias facultades, motivó que empezaran a ser conocidos también en estos ambientes más intelectuales de la contracultura, como Eduardo Haro Ibars, los miembros de Gabinete Caligari, que estudiaban periodismo, etc., y el bajista Quique Pérez decía por ello que tenían en este tiempo un público doble, suburbial y universitario.

    

Dibujo reciente de Elena Gabriel

¿Pero qué fue exactamente Lacochu y su relación con la movida madrileña? Angel Salvador Bustamente rechaza rotundamente que se pueda hablar de premovida para lo que existió antes de los años 80 y de movida madrileña para lo posterior a por ejemplo el concierto de homenaje a Canito de ese 1981. Lo considera una manipulación interesada retroactiva por quienes tuvieron interés en llevar en los 80 el escaparate mediático hacia grupos de cierto estilo “nueva ola” en detrimento de otros de diferentes tendencias que en su mayoría, faltos de apoyo, acabaron feneciendo. 

    -Yo soy en efecto fundador de la Cochu y dueño de esa marca, igual que de la marca La Movida madrileña. Escribo un libro que tiene que ver con desenmascarar la tergiversación que se ha producido en torno a este tema, particularmente por algunos periodistas, de uno en concreto más sus adláteres. Se ha escamoteado la historia real de la Cochu, y se han querido atribuir la movida a partir de 1980-81, y todo lo anterior ha quedado en la sombra, en beneficio propio. ¡Pero sí fue Francisco Umbral el primero que citó a la Cochu como “la movida”!. Y esa fue la etapa más bonita, desde 1976 a 1979, que dio origen en efecto a la movida no solo en la música sino en el arte en general, con la colaboración de músicos, dibujantes, etc. Yo estaba desde antes en el Ateneo Politécnico de la Prospe y en Ediciones Antípodas, y en esos dos sitios generé el concepto de la Cochu. Antes de Lacochu fue Premamá, que no era todavía musical, sino un intento de aglutinar todas las revistas “underground” que se estaban publicando. Tenía la sede en Augusto Figueroa, y cuando Premamá no pudo pagar el alquiler yo fundé Lacochu ahí mismo y me hice cargo con mis ahorros del paro de pagarlo. Y eso duró hasta 1979, y todos esos años son ya movida madrileña.

    -Por tanto, no hay “premovida” y “movida”.

    -No hay esa división, lo que podemos llamar movida empieza en 1976, lo que sí hay son dos fases cualitativas, dos estilos de grupos, los segundos más nuevaoleros. Y el caso de Burning es típico de los de esa primera fase. La verdad es que en ese tiempo había muerto Franco, todo era muy gris, no había infraestructura en Madrid, puedo citar la M&M, la discoteca Argentina de San Blas, el colegio mayor San Juan Evangelista. Y punto. Eso para los grupos nacionales es lo que había. Para los internacionales sí que se contaba con sitios mejores. Y en esos pocos locales que te cito de discotecas, pueblos, o la M&M, se movían como mal podían esos grupos seminales, Burning, Cucharada, Tequila… Así que teníamos que cambiar las cosas con un planteamiento ácrata, sin hacer contratos ni nada, en relación de tú a tú, éramos como iluminados, y pretendíamos un movimiento social, abrir canales sobre todo en los colegios mayores, que es donde en Madrid se podrían hacer conciertos. En el caso de Burning el contacto me vino en concreto a través de Moncho Alpuente. Alpuente escribía en El País entonces, y todos sus reportajes sobre La Cochu parten de material que yo le facilité, de hecho. Es que yo era publicista y sabía cómo difundir. Como anécdota te cuento que al lado de la Cochu estaba la CNT anarquista nada menos, y ellos nos decían “es que vosotros sois unos vendidos, porque hacéis publicidad”. Lo que hacíamos no era publicidad, por supuesto, sino promoción. Porque todo lo hacíamos por amor al arte, y si no difundes la gente no se entera. Pero la sequedad que había en todos los contextos era tremenda, no había movimiento, no había actuaciones. Y empezamos a coger grupos poco a poco. En 1977 Moncho Alpuente me invitó a su casa como te digo para presentarme a los Burning y que se integraran en Lacochu, allí estaban ellos, fumamos unos canutos, llegamos enseguida a un acuerdo, y ahí incorporamos sin más papeleo a Burning a nuestros grupos. Era con el cantante Toño con el que más tratábamos. Pero lo cierto es que aunque no hacíamos contratos no se piense que improvisábamos, teníamos una estructura, diseñadores de comic underground que venían de Premamá y se quedaron en la Cochu. Y unas señas gráficas muy claras. La verdad es que fue como una ONG, nos dedicamos de forma casi religiosa a promover los valores contraculturales, y no hacíamos separación alguna de estilos musicales. Pensábamos que era la gente, el público, el que tenía que decidir quién le gustaba y quien no. Que fue precisamente lo que no hicieron luego esos periodistas, que promovían solo a los de determinado estilo, los que a ellos mismos les gustaban. Lacochu acabó en 1979 cuando me fui al servicio militar, y estos periodistas tomaron el relevo pero en esa dirección muy concreta, maniquea, diciendo que el concierto de Canito fue fundacional de la movida, y tonterías así. No pueden evitar mencionar a grupos como Burning, Tequila o Kaka de Luxe, por su relevancia y señas de identidad, pero citándolos con calzador. Y todo lo relacionado con la Cochu queda relegado, tapado, lo llaman pre-movida, cuando ellos mismos le habían dado relevancia en sus revistas, “Disco Express”, etc.. Pero por supuesto como te digo Burning eran un grupo de la movida desde 1977. Y el nivel de impacto social de La Cochu fue potentísimo, yo lo he chequeado, y es equivalente a una multinacional. Aparecía en todos los medios. Eso sí, en Lacochu había que trabajar doce horas al día, que era lo que yo mismo hacía, era duro, las cosas no salen de la nada, pero era bonito, había una cultura de unidad, entre periodistas, dibujantes, músicos… Tratábamos a los músicos como hermanos. Era casi una “misión”. La movida nació en la sociedad civil, ella fue su protagonista. Y Lacochu lo tenía claro, que éramos parte de un movimiento social. El legado que debe quedar para otras generaciones es que si la gente empuja a favor de un proyecto, saca adelante lo que quiera, por difícil que sea. De Burning no puedo sin embargo contar anécdotas concretas, sí recuerdo muchas de Moris, de Tequila, de Manuel Tena… Por cierto que Manuel Tena llamó a casa de mis padres cuando me fui a la mili, y al enterarse le dijo a mi madre: “Pues no sabe usted lo que pierde la música con la marcha de su hijo”.

    -Y luego la Cochu ya no pudo seguir.

    -Claro. Sólo duró unos meses más, porque ya no había dinero para pagar el alquiler. 

    -Hablemos ahora de tu relación con los Ateneos libertarios, por favor. Que no fue uno sino dos...

    -Sí, claro. De hecho yo me dejaba caer por Prosperidad antes de que entráramos en el primero, el Ateneo Politécnico, en 1976. Por el barrio quedaba con Paco Beneyto, batería de Sabina, nos reuníamos allí para hablar de música, psicología… Aun no existía el Ateneo Politécnico como tal, era un colegio que había cerrado. Pero un día hablamos con uno de los propietarios, que estaba peleado con los hermanos, y quería promover el centro como sede de actividades del barrio, y montamos en él la Asociación cultural, para teatro, música, etc. Yo me dedicaba en él a la parte musical, conciertos, entrevistas, promoción… fuimos portada incluso en el diario Ya. Cuando desalojaron el Ateneo de Prosperidad en enero de 1977, nos fuimos al otro centro de la calle Mantuano, cerca, era la abandonada Escuela de Mandos José Antonio, nada menos que de la Falange. Y allí el primer concierto fue de Tequila y Ramoncín. 

    -Sí, en la película de Burning se ven los símbolos falangistas en los techos…

    -Exacto. Pues ese día  del concierto inaugural casi voy a la cárcel por un problema con la bandera falangista. Algunos locos quemaron una bandera que había con el escudo de Falange, y la policía me dio veinticuatro horas para reponerla. Resulta que era ya imposible encontrar una igual, así que utilicé un truco, localicé el escudo de la Falange, y mi madre lo cosió en una bandera normal. Y el yugo y las flechas salen también en ese concierto inicial de Tequila, igual que en la película de Fernando Colomo con Burning que tú citas. De hecho La Cochu fue una idea que gesté en el Ateneo Polictécnico, el anterior, para ayudar a los músicos. Elena Gabriel y yo editamos allí la revista Muésica, y yo colaboraba con otras, Mmm, etc. Así que yo por un lado colaboraba con Ediciones Antípodas y Ediciones Premamá en el piso de Augusto Figueroa, y por otro con el Ateneo de Prosperidad. Como no había dinero para financiar la oficina de Premamá, yo puse el dinero para el alquiler, y fundé La Cochu allí, en Chueca.  

    Elena Gabriel (1955) también tiene un recuerdo difuso del paso de Burning por La Cochu. Era una joven veinteañera nacida en Argentina, y que posteriormente cursó estudios en París, como ya dije, de Bellas Artes y filología. Se trataba de una muchacha con muchas inquietudes, y para entonces sus padres residían ya en Madrid. Así que en una de sus visitas en 1976 se echó un novio español, y el amor se juntó con la vista del torbellino que se estaba desarrollando en España tras la muerte de Franco, y se sintió atraída de inmediato por ese ambiente contracultural. Su vida a partir de estos años, hasta los primeros 80, se desarrolló a medias entre Madrid y París. Luego ya se afincó plenamente en Madrid. En ese tiempo, como estudiante de Bellas Artes y aficionada al dibujo, se fijó en un anuncio en la revista catalana Star donde pedían una chica como dibujante para el colectivo Premamá, respondió, y entró a colaborar decididamente con Salvador y el resto de los socios. Fueron tiempos hermosos donde conoció a todos esos músicos, dibujantes, fotógrafos –“Ceesepe era un amor, como lo es Alberto García Alix”-. Tiene grandes recuerdos de los músicos de Tequila, de la pequeña Olvido (Alaska), entonces una niña que se presentó un día pidiendo una traducción de una revista francesa, que la propia Elena le hizo… Más tarde Alaska entró en Kaka de Luxe. Por la casa de Elena, muy cercana a la discoteca M&M, pasaban todos, incluso menores, que ella no podía controlar, eran unas fiestas increíbles, pero que le pudieron traer problemas, porque allí  aparte de los menores había droga, marihuana o lsd. Tuvo que cambiar de casa y terminar con eso. Elena estuvo en fin en todo el corazón de aquel movimiento de la movida: colaboró por ejemplo en  el programa televisivo de Paloma Chamorro “La edad de oro”, en FM-2, en la discográfica RCA, escribió en la revista Rock de Lux, etc. 

    -En 1976 Madrid estaba muy apagado, y yo quería que tomara la iniciativa, que estaba en manos de Barcelona. Y las cosas en Barcelona eran más afrancesadas, más secas, menos divertidas, ya sabes. Y en Madrid afortunadamente hubo esa explosión de alegría, arte, conciertos, música… Todo de forma colectiva. Bellos tiempos.

    La relación con La Cochu se mantuvo en Burning hasta el final, aunque los mánagers como el propio Gálvez se quejaban de que los colegios mayores pagaban muy poco a los grupos, que los porteros a veces ni cobraban a los estudiantes, y hacían a su vez la competencia a las salas y discotecas, que tenían precios más altos. Nunca llueve a gusto de todos. A partir de 1978, no obstante, la relación se fue debilitando, porque Burning  tenía como mánager a Moncho Araujo y trabaron además una relación muy intensa con el mercado catalán, fichando por el sello Bélter, siendo apoyados por el periodista Oriol Llopis y el mánager Gay Mercader, el mismísimo mánager en España de los Rolling Stones. Los Burning se estaban haciendo grandes y actuaban ya en todas partes, y menos en el circuito universitario. Pero quedan para la historia muchos conciertos, quizá el más famoso fue de los primeros, el mítico de 1977 en el colegio chino Siao Sin junto a Tequila (“Rock por la cara, La Cochu esputa de nuevo”, decían los anuncios dibujados por Pejo). Los Tequila estaban empezando y consideraban entonces a Burning “un grupo mayor y más vicioso que nosotros”; el concierto fue magnífico, prácticamente el primero de Ariel Rot con Alejo Stivel, y el Siao Sin,donde estudiaban los estudiantes de origen chino, era  eje de la Cochu, donde como se decía con gracejo aparte de los chinos “corrían las chinas”. Otro concierto de Burning promocionado por La Cochu fue el célebre de  la nueva M&M de septiembre y de nuevo en noviembre de 1977 ahora junto a Moris. También está documentado otro junto a a los cántabros sinfónicos Ibio en el Colegio mayor San Juan Evangelista (el “Johnny”) según algunas fuentes, y según otras en el Santo Domingo Savio. Ese mismo mes Burning tocaban junto a los Rigor Mortis (luego llamados Gabinete Caligari) en la Facultad de periodismo con mucho éxito.  

    En su eclecticismo, Burning supieron pues acercarse también al mundo autogestionario de los Laboratorios Colectivos Chueca. Ahora bien, lo cierto es que Burning estaba entonces, al menos al principio, en pleno auge del rock makarra y barrial. ¿Cómo reaccionó el público universitario, más culto y político al rompedor mensaje que lanzaban los de La Elipa? Se cuenta que en general bien, les gustaba sobre todo que empezaran a cantar letras en español, y la energía  y el descaro que transmitían su directo. Pero algunos se sonrojaban cuando Toño se dirigía a los universitarios y les decían a los novios: “¿Qué? ¿Ya habéis calentado bastante a las chicas?” O les sorprendía ver que el batería Teto tocaba en calzoncillos para tener las piernas más libres… Por otro lado, los sectores más politizados consideraban que Burning se alejaban demasiado de los cantautores protesta con unas letras frívolas, en exceso suburbiales, y sin mensaje social… Ni siquiera tenían ese mensaje crítico y ecologista de por ejemplo Asfalto. Pero la recepción general fue óptima.  

    Cincuenta años después, poco queda ya de todo eso. Toño y Pepe Risi nos dejaron en los años 90. Muchos de los músicos de la movida también desaparecieron en la noche. Enrique Urquijo, Antonio Vega, Manolo Tena… También quien fue el enlace con La Cochu, Moncho Alpuente. O los dibujantes Hortelano, Ouka Lele, o Ceesepe. Este, en una de sus últimas entrevistas refería que tal vez el crudo material de sus cómics, como el célebre que hizo a los propios Burning, “Los chulea güiris de La Elipa”, donde incluso se representa una viñeta de violación, era el mismo sueño de la isla de los mares del sur que anhelaba el pintor Cezanne. “Miro a mi alrededor… Quizá de eso iba todo, de reproducir una cierta idea del paraíso en un estudio de cien metros de la calle Mayor, aunque en lugar de mar haya papeles de colores y en lugar de brisa tropical el humo de los cigarrillos que se amontonan en unos cuantos ceniceros”.

    Elena se casó con el músico del grupo Sissi y diseñador Paco Iriarte, del que enviudó hace cuatro años. Pero mira adelante:

    -Si, Ricardo- me dice Elena- es cierto lo que dice Ceesepe, todo es un poco un sueño que se desvanece, pero ha valido la pena y quedan bonitos recuerdos. Y ahora vivo el presente, que es lo que existe, y para mí consiste básicamente en quedar con amigos y comer en buenos restaurantes. No me parece poco.

    Desde ese presente, Elena Gabriel y Salvador se ocupan también en nuevos proyectos. Elena, por ejemplo, en el diseño gráfico en el que sigue muy activa, como recuerdan a diario las viñetas teñidas de humorismo de sus personajes como el Cliente Satander. 

    -Es que no hay que tomarse la vida demasiado en serio, Ricardo.

    Salvador , por su parte, vive en un pueblo de Toledo, alejado ya de aquel vórtice de la movida de Madrid, y redacta un libro sobre la verdad sepultada de esos años. Muchas gracias a los dos.

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