lunes, 20 de febrero de 2017

Diario del solitario (5) : presentación del Libro A face in the crowd de María Castro Domínguez

Diario del Solitario (5): A face in the crowd. María Castro Domínguez. Presentación en Librería Canaima, Las Palmas, enero de 2017.


Torno a ver al Solitario, después de mucho tiempo, en el salón de prensa del Gabinete Literario, bebiendo te. Viste  muy british, con traje de tweed, y cuando me sorprendo, me recuerda que en su juventud incluso usaba pajarita. Está contento, el Solitario, se ha perfumado y le brillan los ojos. Lee un libro. Por un momento creo en un nuevo amor; pero no:

-Es que vengo de una lectura poética en Canaima. María Catro, mi amiga, presentaba su libro. A face in the crowd, "Un rostro en la multitud". Nice!.


Me muestra el libro, una bonita composición donde un rostro anónimo, en gris, contrasta con franjas de color intenso.

-¿La poeta tiene nombre español y título en inglés?

-No sólo el título, todo el libro está en la bella lengua de Shakespeare, joven. Ella es hija de españoles, pero nacida en London.

I understand!- me río. Pero el Solitario está lanzado, y sigue...diría que se alegra de encontrarme, de tener contertulio, porque está extrañamente expansivo.

-¿Te has parado  a pensar cómo vivimos? Te lo diré. Pasamos el día azacanados, tensos, esclavos de la ronda del reloj, que diría Silvio Rodríguez… Pero llega la noche. Y en la noche la hormiga se convierte en cigarra y el sapo cancionero canta. Canaima es otro mundo, un reducto, una librería mágica. Siempre he pensado que, allí y en esa hora, digo en las noches de las buenas librerías como esa, los personajes de los libros cobran vida y cuando no les miramos se hablan unos a otros, Don Quijote con Fausto, la Maga de Cortázar con el coronel de García Márquez, el americano impasible de Graham Greene con un bereber de los cuentos de Paul Bowles… La princesa triste de Rubén Darío con el enamorado melancólico de Neruda. O, en la voz de María Castro, el Minotauro de Borges con el Chopin del parque Lazienki de Varsovia. Pero eso son fantasías. La lectura de María fue real. Todo lo real que es un sueño, claro. No se, ya te lo digo: Vengo de una experiencia religiosa. El libro ha obtenido además su guirnalda, un importante premio británico, el Erbacce prize. En esta isla pacata y cerrada pasará desapercibido, claro. Pueblo chico, infierno grande.



-Cuénteme con detalle, Solitario- digo arrellanándome en un sillón junto al solitario, mientras él cucharea en la taza de te.



-La librería se convierte al cierre en un salón, y aunque llenábamos la sala, estábamos todos sumidos en el silencio. Un instante me pareció que hacía falta una música, un arpa tal vez. Se asocia la lira al verso ¿verdad? Pero no, qué mejor que los poemas para llenar el silencio. Y curiosamente se leyeron muchos de los que más me gustaban. Los leyó la poeta, con diversas entonaciones, según convenía a cada poema, dulce en Melancholy, juguetona en Authentic romantic, por ejemplo; y también leyeron el presentador que la arropaba, y una actriz que era como el “alter ego” de María, o su contrapunto más bien. También había una mimo, que nos recordó que los gestos y los rostros son un lenguaje universal, una de las claves del Enigma que es la vida. Me gustó la mezcla. I like it!. Si supieras inglés te recitaría ahora mismo alguno. Ella habló de su necesidad de escribir, desde niña, y del trabajo duro de un poeta detrás de las palabras, corrigiendo acentos, ritmos, borradores…Recordo  la influencia en su obra de los poetas ingleses y norteamericanos imaginistas. Es decir, poemas breves, intensos, donde no hay una sola palabra de más, donde, como dijo Pound “’imagen’ es aquello que presenta un compuesto intelectual y emocional en un instante de tiempo”.



-Vale, ya me ha convencido. Leáme uno. Puede hacerlo, usted dijo que los poemas son también música, aunque uno no los entienda. Use la lira.

Y el Solitario lee:
Now
    We are
       Matter in the past
                Tense like rain drops
                               Splitting the present

                                               Spitting a second away”.

     Luego lee un poema en prosa que describe esa sensación de ir entre la gente, soñando caminos, cuando el sol muere en la playa de las Canteras: “Island Ramble: It´s midday Saturday after siesta time, sun expires light, the blue is solid. I get the twenty-one bus. It rattles yellow through cobblestones and swerves in front of Atlántida café. I step down where an assortment of builders chew cigars and fume onto the street. They wrap around a radio, listening to afternoon football. Embedded in steam I stroll around Santa Catalina Park. Here plenty of bars and shops lean on the open esplanade. It´s a park with just a few palm trees, the rest is covered with benches, cafes and some homeless. Shoe shiners are spitting into their brushes heralding passers-by. The lottery man chants numbers whilst his dog inserts a chorus between. I take the direct route to Canteras beach. A queue outside a bakery are chinking extra change whilst others are carrying back the whiff of evening baguettes. The carnivals are on, I bump into Charlie Chaplin, men dressed as nuns and Luke skywalker. By the beach a promenade unfolds. Everyone hides in dark glasses. A tour guide snakes through with a spotted umbrella hold high. The group, like school children, follow in ankle socks and red faces. They take selfies with a colonial hotel as backdrop. A multilingual loudspeaker announces the temperature, the wind, the sun. A Police helicopter spies bikinis and shorts. Joggers slide between hobbling pensioners. The cyclothymic Atlantic is furious today. Surfers become alive as they take a ride to the top. Children shriek as salt gets tangled with their sandy tongues. Two seagulls squabble by me, the winner escapes with my shoe lace. A white kite scribbles free hugs above.



                Y nos quedamos los dos en silencio.

           -No he entendido mucho, pero sí carnaval y Canteras. 
                -A los canarios nos gusta más la playa que ir a la academia...- El Solitario ríe, sorbe te y el humillo hace arabescos cerca de su rostro.

                -A face in the crowd. Un rostro en la multitud. Que es lo que somos, todos somos soledad y masa a la vez. La noche se desvanece y somos cosmonautas que regresan a la realidad entrando aterrados en la Tierra, como el ruso Gagarin en los años cincuenta. Pero mañana soñaremos de nuevo, y regresaremos otra vez a Canaima. Así vivimos, ya le dije. Somos pañuelo al viento, brisa de otoño, junco doblado, horizonte y niebla, figura en la linde de la playa, que en el crespúsculo dorado interroga con ansia al mar.

                -Me está saliendo usted también poeta, señor Solitario.

                -¡Igual algún día me animo!. Es que estábamos a gusto, estábamos todos en el acto, Juan Antonio Valcárcel, su esposo, el gran ajedrecista, que usted ya conoce. Y sus hermanas. Sus amigos. Su gente. Ah, y dos escritores importantes, Luis León Barreto y su esposa Rosario Valcárcel.

                -¿Algo que ver los dos Valcárcel?

                -No, sólo su amor por la poesía. Lo que nos unió a todos en ese instante, en esa jugada en el juego de nuestras vidas, por robarle a usted su título…. Estoy seguro que por las noches, ahora, los versos de María Castro hablarán en Canaima con los de Elliot o Pound. Usted mismo, joven Ricardo, citó a Blake en su primer libro.

                -Cierto. Tiger, tiger, burning bright        
In the forests of the night!.

                El Solitario remata la estrofa:
                -What immortal hand or eye    
Could frame thy fearful symmetry?

-Venderá mucho, seguro.

El Solitario ríe.

-La poesía no vende, sólo vale, que es suficiente. No confundamos valor y venta. Como me dijo María al final del acto, todo libro de poemas es sólo un exquisito acto de amor, de homenaje al lenguaje, a la palabra. A la palabra bien dicha, añadiría yo.




Dejé allí, al Solitario, concentrado en el libro, terminando su te, ya casi frío. Casi podía imaginarlo joven, romántico, con una pajarita y un pañuelo de seda asomando en la chaqueta, engatusando muchachas a su discreta manera. En la Alameda la noche era fresca y la luz se cernía a través de las farolas: también esa luz y el trasiego de la gente  invitaban a vivir y a soñar. Que es lo que hice. 

Página del libro en Facebook


2 comentarios:

maria castro dominguez dijo...


Gracias por tu texto tan brillante, es pura magia.

Victoria dijo...

La presentación fue magnífica pero esta presentación no la desmerece. Maravillosa historia.
Enhorabuena por el trabajo, María Castro.