jueves, 10 de mayo de 2012

Glosando Burning Veneno del rock. Gardoqui Bateria de Burning...

ARDOQUI, BATERIA DE BURNING.

 Jaime Gimenez Arbe, “El Solitario”, famoso atracador –o “expropiador”- de bancos, ha escrito en su libro de memorias sus correrías personales desde finales de los años 60. Describe como su mejor amigo a José Antonio Martín “Gardoqui”, que sufrió igualmente condenas por delitos contra la propiedad y tráfico de drogas. Para El Solitario, Gardoqui, preso en la cárcel de Picassent, tuvo la desgracia de caer en los años 80 en la lacra de la heroína. Lo que relaciona a Gardoqui e indirectamente al Solitario con Burning es que los dos delincuentes formaron un grupo de rock a comienzos de los 70, llegando a tocar –como los Burning- en la discoteca Argentina de San Blas, y que Gardoqui fue posteriormente batería durante algún tiempo de la banda de La Elipa. De hecho la similitud de su nombre con el del cantante Toño (José Antonio y Juan Antonio) dio lugar a confusiones cuando por ejemplo en 1982 se publicó la noticia de la detención del cantante, cuando quien había sido detenido era el baterista. Pero el episodio está lleno de dudas. ¿Cuándo fue realmente batería de Burning “Gardoqui” y por cuanto tiempo?. Hemos manejado como fecha posible el año 1976, cuando el primer batería Tito Estepa abandona la banda para irse con su novia, y antes de que entrara en la formación Ildefonso García ya en 1977. En ese tiempo convulso de milis y escasas actuaciones pasaron varios bateristas por el grupo de La Elipa, algunos también delincuentes como Sami, de San Blas, detenido al día siguiente de dejar la banda.

No obstante, el propio J.A. Gardoqui sitúa su presencia en Burning tras la grabación de “Atrapado en el amor”, o sea hacia 1982-1983. Añade que grabó varios temas, que quedaron en maqueta, y que estuvo en un par de giras del grupo. Es verdad que en ese tiempo Lito dejó un tiempo la banda, Daniel Assante tampoco estaba de forma fija en el grupo. Coincidiría entonces su unión a los Burning con esa noticia de la detención de un músico del grupo… Incluso habría que plantearse si no fue Gardoqui también el que grabó los temas en Bilbao junto a Toño y Manuel Fernández, y si estos son al menos algunos de esos temas maqueteros a que se refiere Gardoqui.

Pero todo esto parece falso: Manuel sólo recuerda como baterías de Burning de esa época a Lito y a Dani…Y en el libro de Alfred Crespo "Burning Madrid" (2012) la banda limita la presencia de Gardoqui a unos ensayos en el período de salida del primer batera Tito Estepa, es decir, como decimos, en 1976. Así pues, ni fue en 1982 ni por supuesto  Gardoqui estuvo dos años con los Burning, como el mismo sostiene. Las maquetas a las que alude serían los temas que se estaban gestando y que entrarían más tarde, mucho más tarde, en el LP "Madrid".

Lo que sí está claro es que en esos años duros de los finales de los sesenta y principios de los setenta, en esos barrios de extrarradio, San Blas, La Elipa, Carabanchel…, se desarrollaba una auténtica simbiosis entre el mundo de la delincuencia juvenil y el naciente rock urbano. En el libro de “El Solitario” queda claro como se agenciaban instrumentos musicales imposibles para sus recursos mediante un palo a la correspondiente tienda. Reproducimos unos fragmentos del texto relacionados con este episodio y con Gardoqui: “Aquel año (se refiere a 1970), a algunos jóvenes de la Conce se nos ocurrió formar un grupo musical. Yo tocaba el órgano electrónico y mi amigo José Antonio Martín Gardoqui se encargaba de hacer sonar la batería. Lo hacía muy bien y, con el tiempo, llegaría a integrar la mítica banda de rock Burning, la que cantaba aquello de «¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?». José Antonio tuvo una influencia determinante en mi gusto por el rock. Él disponía de una amplia colección de discos de vinilo en la que no podían faltar temas de los mejores grupos de rock. Gracias a él tuve acceso a algunas canciones prohibidas por la dictadura… Así se explica que tres menores de edad a bordo de un Seat 1.500 familiar llegásemos sobre las cinco de la madrugada a aquella tienda de la calle Jorge Juan sin el menor problema. Tatu se quedó en el coche, con el motor en marcha, preparado para la huida. Mientras, José Antonio y yo franqueamos la puerta utilizando la alta tecnología española: rompiendo el cristal con un adoquín que habíamos encontrado en una obra cercana. En pocos minutos nos hicimos con un equipo amplificador de voces, altavoces, micrófonos y cuatro guitarras eléctricas, que cargamos en el amplio Seat. No nos vio nadie o, al menos, como en la canción de Rubén Blades Pedro Navaja, no hubo curiosos, no hubo preguntas, nadie salió… Abandonamos el lugar de los hechos tranquilamente. Aparcamos el coche en un descampado del barrio y nos quedamos dormidos dentro, junto a los instrumentos incautados. Quedaba claro que como profesionales del robo éramos un de sastre, pero la expropiación había sido un rotundo éxito. A esas alturas, ya teníamos otro local de ensayo y habían cambiado también algunos componentes de la banda. A la guitarra estaba Pablo, al que apodábamos El marmolista porque en su casa, donde ensayábamos, su padre tenía un taller de lápidas para tumbas; José Antonio, más conocido por Pichita de oro por razones obvias, tocaba la batería; al bajo, Iñaki; y quien esto escribe tocaba el órgano electrónico. Guardamos los instrumentos que le habíamos birlado a Sabino el facha en un local anexo al taller del marmolista, que estaba muy cerca de la Plaza Bami, instalamos los que íbamos a usar y los probamos. Sonaban de maravilla.” Posteriormente, “El Solitario” vuelve a citar a Gardoqui: “Muchos años después, ya en la década de los ochenta, caería en las garras de la heroína, adicción que estuvo a punto de costarle la vida, y causante de que no prosperase como batería, que por entonces (se refiere a los principios de los setenta) tocaba muy bien…. En la actualidad, como una sombra de lo que fue, toca la batería en la banda de la prisión de Picassent”. (“Me llamaban el Solitario. Autobiografía de un expropiador de bancos. Jaime Gimenez Arbe”. Editorial Txalaparta, 2009). Muchos capítulos de este libro se pueden leer en la aplicación Google Books.

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